sábado, 12 de mayo de 2012

Surf

Hoy ha sido mi primera vez sobre una tabla, aunque... 
en realidad pasé mas tiempo cayéndome que otra cosa.
 Después de caerme no sé cuántas veces, y después de tragar una cantidad desconocida de litros de agua, logré ponerme en pie. Y la sensación fue genial. Fue lograr algo después de estar luchando para conseguirlo. Algo que no conseguía desde hace mucho tiempo...

 Al principio el surf no es tan bonito como lo pintan en las películas, os lo prometo. Estaba súper cansada, me dolían los brazos de remar y de impulsarme para intentar subirme. Me dieron tirones por todos lados. Y casi me rindo. Me sentía patosa y patética por no poder ser capaz de ponerme en pie encima de la tabla cuando los demás sí. Sin embargo, cuando me relajé, me senté en la tabla, y lo hice todo despacio y calmada, fue cuando hice el mejor esfuerzo y, como dejándome llevar, sentí la ola y me puse encima de la tabla. El tiempo que estuve de pie no fue muy largo, porque la ola no duró mucho tiempo. Aún así fue fantástico sentir la sensación de sentirme capaz  ¡después de todo mi esfuerzo! La ola me llevó y por un momento, en vez de mi enemiga, fue mi amiga. Estuvo ahí conmigo, guiándome. Lo que sientes cuando eso pasa, sí que es como dicen en las pelis...

 Y yo... no pensaba en nada más. Solo en eso. Solo en las olas y en quién tenía al lado para no darle. Y eso..., eso fue lo realmente maravilloso y lo que hizo que quiera volver. Los problemas desaparecieron por arte de magia... Mi mente solo estaba allí.

No existía ni nada ni nadie más... 

Solo yo. Solo yo... ¡Solo yo misma!

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