miércoles, 9 de mayo de 2012

Te odio. Te quiero.

Te odio y te quiero a la vez. 


Es contradictorio...


Te odio porque me has dejado aquí abandonada cuando yo te amé, porque me has hecho daño, y cuanto daño... Pero también te quiero por todo lo que me devolviste, por los momentos vividos, por los sentimientos que yo sí te entregué.


 Es una mezcla entre querer darte una bofetada de resignación, y entre querer correr hacia ti y lanzarme a tus brazos y no separarme más nunca de ti. ¿Pero de qué serviría? De nada... Porque nada hay, y nada hubo. 


 Me corroe la decepción por dentro, y el amor a la vez. Es como mirar hacia todos lados y solo ver cuatro paredes. Desesperada trato de encontrar una salida. Pero no la hay. Ya no hay nada más. Solo hay lo que hay, las cuatro paredes sin puerta. La realidad es esa.


Y yo que pensaba que ya había sufrido a lo grande... Descubrí que no. 
Tú, aunque has sido la mejor historia de mi vida, también has sido la más triste.


Y duele, por supuesto que duele. Porque la vida cambia sin más, tan rápido que si no te adaptas mueres. 


Yo. Ahora simplemente yo, a secas, a solas. Muy malherida, pero no muerta. Nunca muerta...

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