domingo, 6 de mayo de 2012

Corazón roto.

A veces no nos damos cuenta de que algo está pasando hasta que nos explota en la cara. Es entonces cuando dices "¡vaya! qué sorpresa...".
 La cosa es que las sorpresas no siempre son agradables.


Así que, dispuestos a ignorar lo que nos ha hecho daño, seguimos con nuestras vidas día tras día, como si nada hubiera pasado. Ahora ya no tiene sentido seguir engañándote, porque simplemente la realidad supera a la mentira. De nada vale fingir o intentar arreglarlo.


Intentamos no juzgar las cosas, pero es lo que hacemos todo el rato; lo hacemos cada vez que nos preguntamos "cómo" o "por qué".  Da igual los esfuerzos que hagamos... ¿Hasta qué punto somos capaces de no pensar en lo que no queremos pensar?


Poco importa cuando la mentira se acaba y el río vuelve a su cauce. El cauce de siempre. El que siempre había tenido antes de engañarse. Antes de que una intensa tormenta lo hiciera desbordarse y rellenar todos los recovecos de un valle hastío que floreció con su agua. Pero ya no hay más lluvia..., ya no hay más agua, y las plantas y las flores sin agua se secan, se marchitan, y mueren. Como el amor.


-"Que pena. Esperaba que floreciera un oasis y creciera con  fuerza y valentía".
 Es lo único que puedes pensar. Y duele que esa idea se fuera con las nubes de la tormenta. Pero comprendes que volverá a llover algún día, aunque no desees otras gotas de agua distintas a las que ya tenías.
Así que sigues con tu cauce, y sabes que llegarás a otro buen lugar.


Para ese entonces, el oasis crecerá en otro lado.

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