martes, 20 de noviembre de 2012

¿Sola o acompañada?



 En el mundo hay dos tipos de personas: las que están solas, y las que están acompañadas.


Podemos estar al lado de nuestros amigos, vecinos, familiares,... Pero siempre quedará un hueco en nuestro corazón sin rellenar. Un hueco reservado para el amor. Y no me refiero al amor fraternal o de amistad, sino al amor de plenitud, pasión, comprensión,... Un hueco reservado a esa persona especial; lo que llamamos nuestra media naranja (o medio limón, según se mire).


 Pero en este mundo, en esta sociedad, en nuestra realidad, no existen muchas personas que puedan ocupar al completo ese lugar vacío de nuestro corazón, ni si quiera existen muchas que quieran comprometerse a complementar la vida de alguien. Cuesta encontrarla y, si no la buscas, cuesta que te encuentren.



 Nos movemos por las calles del Destino una y otra vez, sin parar; no hay semáforos en rojo. Y, cuando creíamos haber encontrado a esa persona especial en un cruce cercano, cuando ya nos habíamos enamorado, cuando ya teníamos un futuro imaginado con ella, cuando nos habíamos habituado a su presencia, nos damos cuenta de que la ilusión es solo eso: una ilusión; un reflejo en el agua, que se desvanece con las hondas causadas por nosotros mismos. O quizás no tanto.



 ¿Dónde están las personas que nosotros creemos iguales? Lo que quiero decir es... que estoy totalmente segura de que más de un hombre, y de que más de una mujer, se han hecho un auto-análisis, una investigación de su vida y de sus emociones. Desde luego, en la cabeza de los nombrados ha surgido el discurso de: "Yo, que soy tan bueno/a, ¿por qué no me aman? Seguramente que no hay nadie como yo. Seguramente ya no quedan personas que amen de verdad, que se comprometan a discutir acaloradamente con su pareja y a reconciliarse aún más acaloradamente con ella. Ya no quedan personas con valores dignos de caballeros de antaño. Entonces ¿soy la única persona así que queda? Me quedaré solo/a".
Etcétera...
 Lo más gracioso es que esto se lo plantea más de una persona, es decir, que si varias se lo plantean...es que varias existen. La cuestión es... ¿dónde? ¿En qué punto se encontrarán dos de esas personas?
 ¿Por qué es tan difícil que alguien se deje enamorar? Porque para enamorarse, primero tenemos que querer hacerlo o, al menos, no cerrar el corazón. ¿En dónde radica el amor? ¿Dónde empieza la línea? ¿Y dónde acaba? Si es que acaba en alguna parte... Quizás solo siga el mecanismo del pez que se muerde la cola.

 La cuestión... La cuestión es que hoy en día es más difícil enamorarte y enamorar.
Es duro amar a alguien que no te ama. Estoy segura en que están de acuerdo conmigo en esto. También es duro que alguien te ame y tú no. Pero, ¿que hemos de hacer?
¿Debemos renunciar al amor? ¿Deberíamos aceptar que el amor no está hecho para nosotros, llevar una vida solitaria en cuanto al amor de media naranja se refiere, y disfrutar de una vida autónoma?



Cuando estás soltera/o haces lo que quieres. No tienes que dar explicaciones a nadie, no tienes que salir de tu casa si no te apetece, no tienes que preocuparte por nadie más que por ti, y tampoco tendrás que medir tus palabras en cada discusión. Tú no haces daño, y nadie te hace daño a ti. Y sí, puedes echar un polvo dónde, cuándo y con quién quieras...



 Sin embargo, siempre nos faltarán las llamadas a medianoche, esas caricias que nos reconfortan, la sensación de sentir que alguien quiere protegernos, las duchas en la intimidad, la convicción de que necesitamos a alguien y de que ese alguien nos necesita a nosotros, los besos al saludarnos, al despedirnos, y entre medias también.

 Un novio..., o una novia, no es simplemente una persona con la que salir al cine, besarse, o regalarse cosas. No es un colega ni un compañero de estudios o de trabajo. No es, tampoco, un socio de copas.  No es alguien a quien puedas tratar de cualquier manera.



 Dicho así, pareciera que una pareja no es nada interesante, pero esa persona debe ser alguien con la que compartir tu vida, alguien a quien respetar y cuidar, disfrutar con ella de la belleza del mundo y de las cosas buenas que hay en él. También es con quien debes superar los baches, las discusiones, las diferencias, los problemas del día a día en todos sus ámbitos... Es alguien a quien amar a pesar de sus fallos, y alguien que te ama a pesar de los tuyos...Pero no hablo de aguantar o tolerar, sino de comprender y de, aún así, gustarte de verdad. Porque para ti no deben ser fallos, solo características (como cualquier otra) de la persona que amas. Deben incluso resultarte adorables.


 Al menos esa es la idea que tengo yo del verdadero amor. Abarca todo: salir, besarse, tener sexo, poder compartir tus problemas y saber que te ayudará, salir a cenar o a dar un paseo, viajar juntos, vivir experiencias nuevas juntos, pelearse y reconciliarse, y muchísimas más cosas. Pero no solo lo bueno.
 La clave está en, a pesar de todo lo malo que pueda suceder, seguir amando a esa persona como el primer día, aunque llevéis 40 años casados, seáis muy viejos y vuestros comienzos queden ya muy lejanos.

 Así que..., aunque sé de primera mano que el amor a veces duele, y aunque sé que a menudo nos sentimos sin ganas de dar nuestro corazón porque si algo sale mal, la impotencia y la ansiedad de ver a alguien que amas marchar es...desgarradora (sin poder hacer algo para evitarlo),... Les aconsejo que hagan el gran esfuerzo de dejar el dolor y los miedos atrás porque, aunque en ciertos momentos no lo creamos, aunque a veces perdamos la esperanza y nos digan que el amor no existe y que no es tan importante, merece la pena.




Merece la pena enfrentarse al dolor que puede nacer en la semilla y de la raíz del amor, si algún día podemos tener nuestra planta llena de flores.

Lo que está claro es que, si no plantamos, no obtendremos frutos.


De verdad, desde aquí animo a los que puedan hacerlo... A las personas que están preparadas para seguir adelante con sus vidas, sin mirar atrás.





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