martes, 4 de diciembre de 2012

Puta hipocresía...


Me jode ser hipócrita. Pero más me revienta tu hipocresía. Tu frialdad. Tu risa falsa, la cual me revienta más si es verdadera.

La gente no se da cuenta de que no se deben hacer promesas que no se pueden, o que ni siquiera se piensan, cumplir.

¿El amor hoy en día existe? Empiezo a preguntármelo seriamente...

Yo solo quiero sentirme bien conmigo misma, ordenar mis ideas, ser capaz de olvidar bien, para no volver a recordar cuando no quiera ni deba. Quiero ponerle un candado a mi pasado  y no caer más en él. Pero es difícil. Nunca había sido tan difícil. No sé si se debe a la intensidad de lo vivido, a lo que sentí, a que pensaba que las cosas seguirían así por el resto de mi vida, o a que todo pasara en contra de mi voluntad.

Luego me disloqué y cometí algunas locuras de las que no sé si me arrepiento, o no...  Lo sé, yo también soy una hipócrita; asquerosamente hipócrita. Pero, ya sabes, todo el mundo tiene algo que decir, aunque tengan que callar también.

Me siento frustrada y perdida. La poca luz que me alumbra es muy tenue.

Ya no le encuentro sentido a las canciones de amor, y cada pequeña cosa me recuerda a algo.
Cuando intentan hacerme una promesa miro mal a la gente. Y más si se trata de promesas de meñique.

"Podéis meteros las promesas de meñique por el ****" - le grité a mi colega de clase el otro día, cuando quería prometerme con el meñique que nos pondríamos al día con una asignatura bastante asquerosa. Se rió, pero supongo que no entendió el por qué.

Te odio. Odio que hayas dejado tu recuerdo impreso a fuego en mi corazón, porque no hay día que no te recuerde,... y no quiero hacerlo. No hay día que no vea la marca del pasado en mi piel. No soporto la idea de recordar que, después de mucho tiempo con nubes negras en mi cabeza, fui intensamente feliz. Era feliz. Feliz de verdad. Lloraba de felicidad a veces. Por eso es difícil..., porque trato de aceptar que me arrebataron esa felicidad sin hacer nada que lo justificara. Esa felicidad que brillaba hasta el último día.
En mi ignorancia fui feliz...
Odio también eso, porque me demuestra que la ignorancia da la felicidad, y yo estoy rotundamente en contra, desde siempre, con esa afirmación. Mis esquemas se rompen.

Y por todo esto tu hipocresía es repulsiva. Tanto que me hace vomitar, y duele. Sonríes como si nada hubiera pasado. No te inmutas ante palabras dañinas. Que cierto es que la indiferencia es la bofetada más fuerte... Lo más gracioso es que la culpable no soy yo, y aún así pago por... aún no sé por qué.

No te deseo el mal. Pero cómo me gustaría que sintieras lo que yo sentí en aquel momento durante un solo minuto...


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