sábado, 15 de abril de 2017

Dos rumbos...


¡Pues sí! ¡Idiota!
¡Sí! Tengo ganas de ser egoísta, porque hace tiempo que me perdí, que me miro al espejo y ya no me reconozco.

Y me espetas y me acusas. Y te enfadas.
¡Pues sí! Yo también estoy enfadada, dolida, confundida y lo peor, perdida.

Ya no encuentro mi propio rumbo, y siento que si tomo el timón en mi propio barco ya no estaremos en la misma cubierta. Entonces... ¿qué hacer? ¿Somos dos barcos con rumbos distintos? Pero eso da miedo, a pesar de todo.

"Para encontrar el norte a veces hay que ir hacia el sur" dicen unos. "Para encontrarse a veces hay que perderse" dicen otros.

Por otro lado, me gustaría poder sentir lo que ellos sienten. Cómo hablan el uno del otro y cómo se miran.  Hacer lo que ellos pueden hacer... Y siento que yo no puedo hacerlo... que no tengo eso. Y me siento desolada y desorientada, y pienso... ¿por qué yo no?  ¿Por quién estoy dejando todo mi mundo de lado? ¿Por quién estoy haciendo sacrificios que al final no son valorados? ¿O sí? Pero no hay señales de ello y cada día que pasa me siento más perdida...
Y lloro. Pero ya no son lágrimas de niña encaprichada; son lágrimas de mujer casi adulta, que intenta encontrarle un sentido a su propia vida y a sus actos.

Y luego suceden cosas que solo el destino controla y tu rumbo se... difumina.